Este blog se transformó en mi diario de viaje, el viaje empieza el jueves 15 de diciembre de 2011 y termina... o quizás no termina... o tal vez haya empezado mucho antes y no sabía... veremos, Maxi y Romi se suman desde el otro lado del mundo!
lunes, 27 de febrero de 2012
PanaChamulaJchtel
Rencontrarme con la hermana de la colo, rencontrarme con Jere después de dos meses de habernos conocido en el avión que me permitió empezar con este viaje de forma concreta, rencontrarme con Sarah, la francesa que se va a ir a vivir a Canadá, rencontrarme con Niv, el israelí hijo de cordobeses, rencontrarme con las ganas de seguir viajando y con un correrse de las nubes autoimpuestas que se amontonaban en el horizonte y no me dejaban ver para donde agarrar, rencontrarme con una guitarra y con el hacer música de vuelta. Esos reencuentros ocurrieron en San Cristóbal, y permitieron otros encuentros igual de importantes.
Encuentro con las tradiciones más propias y más celosamente guardadas de los pueblos mayas, de los habitantes de esas montañas, esos bosques y esas selvas que se extienden desde Yucatán hasta la republica de Guatemala, encuentro que empezó en Zinacatan, pueblito que está en un desvío del espectacular camino de montaña que nos lleva desde San Critstobal hasta San Juan Chamula. A diferencia de este último allí si se permite sacar fotos y nos sacamos fotos con ellos, y nos sacaron fotos y de pronto me di cuenta que eramos los únicos turistas de todo el carnaval, los únicos que se habían metido en el medio, que habían querido formar parte de esa fiesta que representa lo que uno es, y hecha con alegría música, baile y bombas de estruendo a la mala suerte y las desgracias. A diferencia de Chamula no nos protegieron de las cosas que pasaban, nos incluyeron en la comparsa de los zapatistas, nos dieron un arma de utilería a cada uno y fuimos pasando de estación en estación del carnaval de Zinacatan, ustedes vienen con nosotros!, nos dijeron con el tonito agudo que fuerzan por razones que seguimos discutiendo. A diferencia de la comparsa, en la misma capillita abierta donde sonaba la marimba y la batería de cacerolas, un grupo de hombres, con caras curtidas por el sol y el frío de las montañas rezaban empedernidamente un avemaría entre cruces de madera, incienso y tequila.
Encuentro con Guatemala, con una van loca llena de gente especial, interesante, cada uno con su viaje, con su vida por hacer y su vida hecha. Encuentro con Juan, el anarquista, ex comunista, profesor de yoga, chamán y excelente tipo, que no es condición de ninguna de las características precedentes, con sus charlas sobre la historia de España, nuestras apreciaciones sobre la primavera árabe, los indignados españoles y la argentina del 2001. Encuentro con el lago de Atitlan, sus volcanes y sus mayas escondidos entre tradiciones, historias que son mitos y no. Encuentro con la cerveza de litro de Guatemala, con los amaneceres en el lago, con las ambullidas la meditación y los desayunos con huevos y frijoles.
Encontrarme con la gente dando la vuelta al perro con la gente del pueblito del otro lado del lago, subiendo 6 cuadras a mas de 45 grados de inclinación, subiendo sin poder creer como por esa calle podría llegar a subir ningún vehículo, ninguna señora mayor con su bebé a cuestas, y sin embargo lo hacían. Llegando al centro de una pequeña ciudad, como cualquier otra con su iglesia frente a su plaza, quedándonos media hora mirando un partido de básquet femenino, comiéndonos los mejores tacos del viaje entre gente, gente de ahí, éramos casi los únicos turistas en el pueblo, eso nos permitió dejar de ser los turistas en la ciudad turística, para poder concentrarnos en sentir la ciudad, sentir su gente, sin vernos como turistas, como en una casa sin espejos.
Encuentros y desencuentros que hacen a la vida esa suma de momentos que de alguna forma justifican nuestra existencia en este mundo.
sábado, 25 de febrero de 2012
Back Home
Siendo las seis de la mañana del sábado en nuestros cuerpos, y las once de la noche del viernes a nuestro alrededor, volvimos a pisar el suelo patrio después de un mes exacto de nuestra partida.
Atrás quedó Indochina y un viaje increíble, donde conocimos lugares tremendos, costumbres sabias (y raras), comidas ricas (y picantes), y gente de todos los colores y procedencias.
En todos los viajes se aprende mucho, “la mejor escuela de la vida es poder viajar” dice siempre Manu Chao y tiene razón.
Nos volvemos a suelo argento con varias cosas aprendidas y tantas otras, que ya sospechábamos, confirmadas.
En el mundo hay gente mala, a quienes no les importa el prójimo ni su pueblo ni su país, gente que esta ahí esperando para aprovecharse de las desventajas de los otros. Pero, y por sobre todas las cosas, en el mundo también hay gente buena. Gente que ama el lugar donde vive, que solo quiere trabajar para poder vivir, para viajar. Gente que sueña, que es muy distinta a nosotros, pero muy parecida al mismo tiempo. Todos buscamos ese” lugar” donde estar en “familia”, donde querer y que nos quieran, seamos thai, vietnamitas, argentinos, camboyanos, australianos, chinos, singapurenses, españoles o mexicanos.
Todos, con nuestras diferencias, en el fondo sabemos que lo importante de la vida no es el dinero, ni los horarios, ni el poder, y que en el mundo hay pocas cosas más bellas e importantes que ver un atardecer en la playa o compartir una sobremesa con amigos o “familia”.
Este es es el último post en este blog, al menos sobre Indochina y esta experiencia que nos cargó de pilas para lo que viene en el 2012. Gracias Adru por hacernos un lugarcito, y gracias a todos los que compartieron el viaje con nosotros leyéndonos, será hasta siempre!!!.
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