jueves 2 de febrero de 2012


Mui Ne

31 de enero

Con gallardía enfrentamos la segunda noche en el sleeping bus rumbo a Nha Trang. Esta vez no fue tan traumática porque ya sabíamos que esperar, y en este nuevo coche el baño estaba clausurado, así que por lo menos no estaba ese insoportable olor que nos acompañó desde Hanói.
El hellbus llegó a Nha Trang a eso de las siete de la mañana. Otra vez teníamos que ir caminando hasta la agencia de viajes que nos tocaba para reconfirmar el último tramo hasta Saigón para esa noche. Cuando finalmente llegamos a la agencia, nos enteramos que algún vietnamita atolondrado nos había reservado mal los tramos y que nuestro micro salía de Nha Trang no a las 20 hs como pensábamos, sino a las 8:30 de esa misma mañana, y que si no lo tomábamos perdíamos lo que habíamos pagado.
De todas maneras Nha Trang no nos entusiasmó demasiado, era una ciudad grande en la que para colmo llovía, y ya estábamos tan metidos en el baile, que decidimos seguir bailando, tomar aire y hacer el último tramo. Con suerte llegaríamos de noche a Saigón y podríamos buscar el hostel en el que teníamos reservación para el primero de febrero.
Mal dormidos, mal comidos y sin una ducha decente, subimos al mismo hellbus del que nos habíamos bajado minutos antes.
A eso de las 13 hs hicimos una parada en un pueblito muy lindo. El chofer dijo en su ingles ¼ (porque no llegaba al medio ingles), que esta era la última parada antes Saigón y que teníamos 20 minutos para comer e ir al baño. Bajamos con Romi y decidimos ir a echarle una mirada a la playa que habíamos alcanzado a ver desde las ventanillas del bus, al llegar a la costa, supimos inmediatamente que hacer. Volvimos al micro, yo me metí en la gaveta del equipaje y del fondo rescaté las mochilas, mientras Romi subía y sacaba todas nuestras pertenencias del bus. Nos calzamos las mochilas y nos alejamos del Hellbus para siempre.
Mui Ne resultó ser un pueblito precioso. La playa es muy grande, repleta de paradores donde se pueden tomar clases de windsurf y kitesurf, había muchísimas velas navegando. El pueblo consiste básicamente en una calle principal que sigue el derrotero de la costa. A los lados de la calles hay muchos negocios, ferias, paradores, bungalós, hostels, lugares para comer, todo bien cuidado y limpio, con esa onda pseudo hippie que tienen todos los pueblitos playeros del mundo. Por 17 dólares alquilamos un departamentito con ventilador, minibar, wifi y lo más importante, un baño! Nos reconciliamos un poco con Vietnam en Mui Ne.
Al día siguiente tomamos en bus, pero esta vez uno normal, que nos está llevando en este momento a Saigón. Nos hubiéramos quedado un poco más en Mui Ne, pero ya teníamos la reserva del hostel para el primero de febrero y no queríamos perderla. Me olvidaba de lo más importante de Mui Ne: hoy, primero de febrero, hemos visto el sol por primera vez desde que llegamos a Indochina. Como dijo Fidel “la alegría es inmensa”.

martes 31 de enero de 2012

Hoi An



Cuando uno viaja es como un planeta rodeado por un montón de pequeños satélites que son los objetos que uno lleva. Lentes se sol, de contacto, el celular, la cámara de fotos, la billetera, los pasaportes, los libros, la guía, la pc. Los objetos son como satélites y van girando: mochila grande-mochila chica-bolsillo-manos-manos-bolsillos-mochila chica y así hasta el infinito, o hasta que algo, alguien o uno mismo interrumpe esa orbita. El 29 por la noche alguien interrumpió en la órbita de mi celular que ahora terminara sus días bloqueado en las manos de alguien, en quien sabe dónde, lo lamento por los contactos y porque tanto la crónica de esta parte del viaje, como la anterior, las había redactado prolijamente en el blog de notas de ese aparatito, siguiendo el consejo de adrián de ir anotando las cosas a medida que se suceden. Así que ahora estoy haciendo un gran esfuerzo gran, en un hotelito en Mui Ne, para reconstruir lo escrito, que no va a quedar igual, todo es por algo dijo el poeta.

El sleeping bus no fue una buena experiencia. Arrancamos torcidos. Teníamos que tomarlo a las seis de la tarde el día que llegamos de la bahía de Halong, pero pasaron a buscarnos recién a la ocho de la noche. Cuando nos subimos ya estaba completo y un vietnamita intento coimearnos con tres dólares para que pudiéramos tener literas más o menos juntas (las literas no son numeradas, cada cual agarra la que puede y si no quedan más, al piso). Obviamente no le pague y obviamente yo y Romi hicimos ese primer trayecto separados y cerca del baño del micro, cuyo inodoro químico estaba roto y no hacia más que acumular el meo de toda persona que lo utilizaba, para colmo la puerta no cerraba y golpeaba una y otra vez, dejando salir en cada abanicazo un olor que para que describir.

Para colmo las rutas en Vietnam. En realidad llamarles rutas en un poco pretensioso, cuando decimos ruta nos referimos a una seguidilla se cráteres unidos todos por retazos de pavimento. Como todo chofer que se precie de tal, los del sleeping bus saben/creen, que si uno anda a toda velocidad se puede sobrevolar los cráteres.

Otra particularidad corona el tránsito en Vietnam. Así como nosotros manejamos con el volante, la palanca de cambios y los pedales. El vietnamita maneja con todo eso más la bocina. Todo el tiempo están tocando bocina, pasa saludarse, para ofrecerte sus servicios, para hacer notar que están ahí, o como anuncio de que van a cometer alguna atrocidad vial (tales como vueltas en U, giros en la mitad de una autopista, pasar el semáforo en rojo -que de hecho nadie respeta-, o detener el vehículo en el medio de la ruta para ir a mear a la banquina, dejando el vehículo en el medio de la ruta, obviamente).
Con esto, los bocinazos continuos y los cráteres constantes, la parte de sleeping del bus, es más bien una metáfora.

Llegamos a Ho Ian por la mañana el 30 de enero, mucho más cansados de lo que estábamos en Hanói. La ciudad es preciosa, pero llovía todo el tiempo. Para colmo el micro este, -que a partir de ahora llamaremos hell bus, porque como dijo el poeta “si esto no es el infierno se le ha de parecer”- no te deja en la parada que debería sino en algún hotel amigo, esperando que vos te quedes ahí y ellos ganen una comisión, así que tuvimos que caminar un trecho largo, primero para buscar un lugar donde dejar nuestras mochilas por un día, después donde reconfirmar el ticket para esa noche y luego para ir a comer algo.
Por suerte toda esa caminata la hicimos con Ron, un pibe israelí de 22 años, que estaba más perdido que nosotros. Fue muy divertido charlar con él. Tenía familia en Argentina y había aprendido a entender el español mirando rebelde way, chiquititas y muñeca brava. Obviamente, le pedimos disculpas en nombre de nuestro país, y le aseguramos que, cuando lleguemos al poder, Cris Morena sería una de las primeras ajusticiadas.

Ho Ian, como decía, es una ciudad pequeña y muy hermosa que esta sobre un rio, no recuerdo el nombre. Ahí pasamos el día y aprovechamos para conectarnos un poco a internet. Denuncie el robo de mi teléfono chateando con una tal Claudia de movistar, a las seis de la mañana de argentina, mientras tomaba un café con leche condensada mirando la lluvia caer.
A las seis nos esperaba otra noche de “hell bus” -que lamentablemente ya habíamos pagado-, la idea era llegar a las seis de la mañana a Nha Trang.